El cirujano que cambió el bisturí por un delantal
La harina lo cubría todo. Espolvoreaba el piso de madera oscura, se me pegaba a las mangas del suéter viejo de la universidad y flotaba en el aire
Mass Effect
La que siempre estaba sola
El teléfono vibró sobre la mesita de noche a la una y cuarto de la madrugada. Valeria parpadeó, aturdida, y alcanzó el celular con la torpeza del sueño
Mass Effect
El silencio de la cafetera
Sentí el golpe seco en la cadera antes de registrar el dolor. Un segundo estaba estirando la mano para tomar el frasco de champú; al siguiente, mis pies
Mass Effect
Se fue tantas veces que un día no pudo volver
Marisol apareció en mi apartamento a las dos de la mañana con una maleta medio abierta y el rímel corrido. Ni siquiera me sorprendió. Era la tercera vez
Mass Effect
El Que Dijo Que Me Ayudaría Se Acostaba Con Mi Esposa
El teléfono de Valeria vibró sobre la mesa de noche justo cuando el agua de la regadera dejó de correr. Eran las diez y media de un jueves
Mass Effect
La cena en la que perdí la paciencia… y gané mi hogar
—Por favor, Maricela, te lo pido por lo que más quieras, no me hagas una escena. Solo vienen a cenar. Raúl y su mujer. Nada más. Nos sentamos,
Mass Effect
El Overol de las Aves del Paraíso
Fue culpa del aire acondicionado. Y del raspado de mango de Silvia. Marta ni siquiera quería bajarse del autobús. Llevaban lo que parecía una eternidad en la terminal
Mass Effect
Lo que no estaba en los análisis
El tipo del mostrador ya ni disimulaba el cansancio. —Señora, ya le expliqué: no podemos entregarle resultados a otra persona. La paciente es mayor de edad. —¿Otra persona?
Mass Effect
El pan dulce del banco de la plaza
El calor de agosto en Houston es de esos que derriten el asfalto. Yo salía del turno de la tarde en el taller mecánico, con las manos todavía
Mass Effect
Si te vas ahora, olvida que tuviste madre
El aire acondicionado del laboratorio zumbaba con ese tono agudo que te pone los nervios de punta. Mariana apretó el bolso contra el pecho. Eran las diez y
Mass Effect