Relatos de la vida real
El zumbido de la licuadora en la cocina de Doña Socorro era más puntual que el despertador. Todas las mañanas, a las seis en punto, aquella batidora de
Doña Pilar dejó la taza de café sobre el mantel de encaje y se ajustó los lentes con la punta del dedo índice. —M'hijo, ¿y ese muchacho no
— ¿A quién le importa esa vieja? — Mateo soltó una carcajada junto a la freidora, sosteniendo el celular con el hombro mientras el aceite chisporroteaba—. No seas
Marisol apareció en mi apartamento a las dos de la mañana con una maleta medio abierta y el rímel corrido. Ni siquiera me sorprendió. Era la tercera vez
—Por favor, Maricela, te lo pido por lo que más quieras, no me hagas una escena. Solo vienen a cenar. Raúl y su mujer. Nada más. Nos sentamos,
Fue culpa del aire acondicionado. Y del raspado de mango de Silvia. Marta ni siquiera quería bajarse del autobús. Llevaban lo que parecía una eternidad en la terminal
El aire acondicionado del laboratorio zumbaba con ese tono agudo que te pone los nervios de punta. Mariana apretó el bolso contra el pecho. Eran las diez y
