Fragmentos Reales
La última vez que vino un domingo, yo llevaba diez días sin descanso. Acababa de abrir la puerta del apartamento en Van Nuys, con las botas de trabajo
Cumplí sesenta y ocho el martes pasado. Ni una sola vela, ni un solo globo. Sólo yo, sentada frente a la mesa del comedor de mi apartamento en
El mantel de cuadros rojos todavía olía a plancha cuando sonó el timbre. Valeria terminó de acomodar la última bandeja de mini-sándwiches y se miró en el reflejo
El aire acondicionado del Aeropuerto Internacional de Miami zumbaba como una colmena cuando me detuve frente a la vitrina de Maison Duval. No era mi tipo de tienda.
Sentí el golpe seco en la cadera antes de registrar el dolor. Un segundo estaba estirando la mano para tomar el frasco de champú; al siguiente, mis pies
El teléfono de Valeria vibró sobre la mesa de noche justo cuando el agua de la regadera dejó de correr. Eran las diez y media de un jueves
El llanto de Matías atravesó la pared del pasillo como un taladro. Sofía, sentada en el borde de la cama en penumbras, contuvo la respiración. Eran las tres
Nadie se mete en computadoras a los dieciocho porque le sobre la plata. Pero Leo Vásquez era terco como una mula. Se crio en El Paso, hijo de
